Aquí yace un abogado
Un campesino pasa frente a una lápida que dice: Aquí yace un abogado, un hombre honrado, un hombre íntegro. El campesino se persigna y dice asustado: ¡Vírgen Santísima, enterraron a tres hombres en la misma fosa!
Ocasión para que algo ocurra…
Un campesino pasa frente a una lápida que dice: Aquí yace un abogado, un hombre honrado, un hombre íntegro. El campesino se persigna y dice asustado: ¡Vírgen Santísima, enterraron a tres hombres en la misma fosa!
Los valores difieren. La economía china se basa en la confianza (Guanxi). Un sustituto sólido y económico de los contratos y de los abogados. Este concepto abarca incluso a los chinos que viven en el extranjero, ya que tienden a ayudarse sin importar dónde estén. Han creado una red mundial por la que fluyen libremente el conocimiento, el capital, los bienes y los servicios. ¿Cuántos negocios cerraría sin contrato? Si tuviese que basarse en la confianza, ¿con cuántos colegas, proveedores y clientes seguiría tratando?
Extracto de Funky Business, Año 2000, PRENTICE HALL, p. 72.
Algunos hombres miran a las Constituciones con reverencia mojigata, y las consideran como al Arca de la Alianza, demasiado sagrada para ser tocada. Les atribuyen a los hombres de la época precedente una sabiduría más que humana, y suponen que lo que ellos hicieron está más allá de la enmienda. [...] Las leyes y las instituciones deben ir de la mano con el progreso de la mente humana. [...] Mientras este se hace más avanzado, más ilustrado, mientras se hacen nuevos descubrimientos, las instituciones deben avanzar también, para mantenerse al paso de los tiempos. [...] También podemos exigir que un hombre use todavía el abrigo que le quedaba cuando era un niño; mientras la sociedad civilizada permanece por siempre en el marco del régimen de sus bárbaros ancestros.
Extracto tomado de Web of Debt, de Ellen Brown, p. 76.
Artículo escrito por Héctor Rincón en la difunta Revista Cambio, en algún año de la primera década del siglo XXI dentro del territorio identificado como Colombia.
La otra vez Fernando Londoño Hoyos decía en una entrevista que durante toda su vida lo que más había hecho era servir de intermediario entre personas para solucionarles impases porque esa era la más crucial función de un abogado. Ja. ja.
Lo decía serio -ojos entornados, mirada lince, palabras en mayúsculas, todo eso- para el vano intento de convencernos de su bondad y para explicarse, para explicarse, para explicarse, que es en realidad lo que más ha hecho el ahora inexplicable señor ministro.
Pero tranquilos: no es Londoño Hoyos con su fogocidad al servicio de la puñalada el blanco de esta columna. Ni de él se hablará ni de la sobredimensión y la pifia de Uribe al encargarle dos ministerios a la vez, sino de los abogados tan descorazonados y tan dañinos y tan posgraduados en cinismo como son estos obsesos del embolate y de la marulla.
Desde luego no creo que los abogados sean útiles para acercar a aquellas personas ariscas, a las imposibles de juntar, a las remisas. Creo, al contrario, que los abogados son los causantes de volver ariscas a las personas, de separarlas, de hacerlas escurridizas, y que levanten la mano quienes hayan asistido al milagro de haber logrado algún acuerdo plácido con la mediación de un abogado. A ver, a ver, allá veo una mano levantada… Otra al fondo… Aquella a la derecha.
Pero desde luego sí creo que los abogados han entorpecido el entendimiento y han creado una hostil desconfianza entre los colombianos. Cuando usted va a montar una empresa habla de la idea, la repasa, la clarifica. La cuantifica, la visualiza, la acaricia. Y cuando todo eso está, transparente y apetitoso, llegan los abogados con la capacidad que tienen de enturbiar hasta el cielo más azul y ahí comienzan los desencuentros que desembocarán en la querella, en el juzgado, en el tribunal de apelaciones.
Todo eso porque los abogados nos han adiestrado en la manía de hacer empresas -grandes, pequeñas, familiares, cualquiera- para que, en últimas, las administren ellos. Y han vendido como imprescindible su participación en cualquier movida. Que hay que sellar un compromiso matrimonial, un abogado. Y comprar una casa, consíguete un abogado. Para buscar un préstamo, para reclamar un cheque, para pagar una deuda. Para todo al punto del chiste que he oído: cuando se corre el riesgo de ser invitado a una velada gris, con bostezo asegurado, se suele decir que si me invitas te pongo un abogado.
No hay negocio sin abogado y en consecuencia no hay presupuesto empresarial que no incluya un tanto por ciento para pagar abogados. Las compañías gastan en abogados y en tiempos de juzgados más dinero que el que tienen y por ello los llamados departamentos jurídicos son más numerosos que las áreas de investigación o de relaciones humanas, y creo que ningún otro ejemplo hay que agregar. O sí. Otro: en las universidades hay más estudiantes de derecho que de cualquier otra disciplina no porque a la gente le guste más el derecho que la biología, sino porque debido justamente a la inmensidad de las dependencias jurídicas, pues es más fácil conseguir puesto de abogado, que de biólogo.
Un además: además para aspirar al poder político es mejor arrancar por sr abogado, de cualquier universidad, pero abogado. Y ya sabemos la cola que hay de gente dispuesta a entregar su alma y su conciencia para meterse en la política, lo cual no le queda difícil a los abogados de los que hablo, a los abogados como Londoño Hoyos, a esos abogados turbios a quienes les han inventado una descripción perfecta. Esa definición según la cual un abogado llega a la oficina de un desconfiado que cree que necesita a uno de estos sujetos. Y le dice al cliente: usted cuénteme toda la verdad que yo me encargo de enredarla. Esa.
Buena parte de nuestros problemas y conflictos presentes van de la mano con el uso de un lenguaje obsoleto.
Aún hoy, empleamos expresiones como “salió el sol” o “el sol se puso”, propias de los miles de años en los que no teníamos una mejor explicación para lo que nuestros ojos veían, y la ciencia era un concepto inexistente mientras la religión reinaba.
Llegaron la ciencia y el lenguaje técnico, pero nuestra paquidérmica cultura se resiste a cambiar, así sea a una sexagésima parte de la velocidad de las primeras. Sabemos que estamos en una esfera que rota junto con otras alrededor del sol, pero insistimos en que este se “pone” y “sale”.
A pesar de todo, lo hemos logrado hasta este punto en la Historia. Si tenemos los planos para construir un edificio, estos pueden ser leídos por ingenieros y arquitectos en todo el planeta, sin distinción de lenguaje, raza o cultura. El lenguaje técnico es la antitesis de la ineficiencia y de las volteretas.
Pero regresando al lenguaje común, si decimos “le pegué al policía con el arma”, la mayoría de nosotros se imagina a sólo dos personas en el relato, cuando el cuadro puede ser bien diferente, como varios policías, uno sin armas, otro con un bolillo, otro con un arma de fuego, etc. También pude haber golpeado al policía con o sin intención. Falta mucha información.
El anterior ejemplo proviene de aquí.
Los abogados son particularmente astutos en lo que al uso del lenguaje se refiere. De hecho, hace algunas décadas se hablaba del “poder fáctico de lo normativo”, es decir, lo que yo escriba en un papel de inmediato transforma la realidad y la refleja. Bueno, supongo que hay límites….ninguna constitución por más popular que sea, puede dejar de reconocer la ley de la gravedad, y si lo hace, que se tiren con ella en la mano desde un décimo piso y nos cuentan.
En los pleitos legales, es usual decir que lo escrito en un documento o lo dicho en una declaración, fue malinterpretado por la contraparte e incluso, se ha llegado al extremo en el que el juez declara que ninguna de las partes dijo lo que quería decir.
La nemofilaquia no es una ETS, es simplemente el nombre elegante que se le da a una de las funciones de la casación, herramienta a la que se recurre en casos especiales frente al más alto tribunal, como la Corte Suprema de Justicia. En este caso para unificar criterios y aclarar términos. Pero los pleitos siguen viniendo igual, el salario se tiene que justificar….
Sería maravilloso poder tener traducida al habla hispana la obra de Stuart Chase, “The Tiranny of Words“, que ya va para un siglo de escrita, pero sigue tan vigente. Esto le haría un gran favor a la humanidad porque, como se dijo al comienzo: ¡El lenguaje es un desastre!
Gracias a Eduard Punset, Gary Marcus y a nuestro sistema digestivo.
8 de mayo de 2010, horas de la noche.
Va caminando rápido, mirando las intersecciones de las calles para que un conductor egocéntrico no haga de las suyas con su integridad, pero sigue rápido.
Pasa junto a un puesto de policía y 30 segundos después, se va la luz.
La calle oscura, el barrio oscuro, el puesto de policía oscuro.
Sigue caminando como si no se hubiera ido la luz, porque no hace mucha diferencia. Avanza unas diez calles, cuando de pronto siente que le están observando.
Voltea la mirada y ve a dos policías en moto, en actitud sigilosa, con la doctrina de Cesare Lombroso como regla. Porque, ¿qué más puede estar haciendo un tipo con un pequeño morral, un sábado por la noche, caminando sólo en una calle oscura y con una barba de 5 días de antigüedad, salvo darle la razón al italiano?
-Para una requisa.
-Sí.
-¿Qué lleva ahí?
- Unos cuadernos y algunos documentos.
Igual revisan tanto al morral como al individuo.
-¿Y usted qué hace?
-Estoy caminando.
-No, ¿pero usted qué hace en la vida?
-Me dedicaba al derecho pero me retiré de eso, ahora hago cosas varias. El derecho no sirve para nada, tan sólo mire como están de llenas las cárceles, con todo y la impunidad del 99%…..
-Sí, ahora lo único que importa es la plata -Dice el policía.
-Es bastante triste, pero sí. Aunque creo que pueden existir otras formas de vivir sin tener que matarnos unos a otros. Pero no lo quiero aburrir.
-Bueno.
Le da la mano al policía y cada uno sigue por su camino.
Menos mal que los porteros de los hospitales suelen conocer de oídas los productos farmacéuticos y los insumos materiales que les resultarán inevitables a quienes padecen ciertas dolencias, así que, sabiéndose de memoria lo excluido del POS, prestan el servicio de instruir a los angustiados parientes de los moribundos para que vayan primero a un juzgado. Supe de un vigilante que, calculándoles bajos recursos a quienes intentaban ingresar por urgencias a una víctima de un mal cardiovascular, les dijo: “Les advierto que si el paciente es sometido a cateterismo para angioplastia, lo más probable es que le receten anticoagulantes que no están incluidos en el POS, y les cuestan 300 mil del alma. En el mejor de los casos, porque si hay que ponerle un Sten, les vale más de cuatro millones. Yo de ustedes, pondría la tutela primero, porque o si no “paila”, concluyó sin sutileza poniéndose el índice en la yugular.
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Definición de abogado por el gran Evelio Aponte:
“Un abogado es un pirata que navega en el charco de las dificultades ajenas, enturbiando las aguas para hacerlas parecer profundas”.
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Que Pretelt nombre como su magistrado auxiliar a un cercano amigo es un vicio tan generalizado, que es lo de menos. Lo que sí es censurable, es que haya designado como su magistrado auxiliar a Carlos Alberto Murcia Montoya, a sabiendas de que tenía 67 años.
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Recientemente que pasó a sanción presidencial una nueva ley relacionada con el control de los espectáculos deportivos de fútbol. Esta ley, explicó el ciudadano Representante a la Cámara, Nicolás Uribe, a El Espectador, tiene básicamente tres elementos: crea la responsabilidad solidaria de los clubes por acciones cometidas por las barras de fútbol que les sigan (por reglamentar); crea varias contravenciones para conductas en y alrededor de los estadios; y establece medidas básicas que deben ser adoptadas en cualquier espectáculo de fútbol.
Lo primero que se destaca de la Ley es que resulta ineficiente utilizar mecanismos legislativos para adoptar medidas que pueden ser discutidas e implementadas desde otras instancias creadas para ello. Las medidas básicas de seguridad que se requieren para realizar un espectáculo de fútbol (protocolos de seguridad) debían ser propuestas, discutidas e implementadas por la “Comisión Nacional para la Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol”, creada en febrero de esta año a través de la ley 1270 de 2009 (publicada en el Diario Oficial 42.223). Este tipo de duplicación de funciones es lo que hace ineficiente al Estado.
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