Manda Bala, la película que “no se puede ver en Brasil”.
Cuando el rico le roba al pobre, el pobre le roba al rico. En medio están, por supuesto, las víctimas inocentes. Este documental de Jason Kohn denuncia descarnadamente el crimen en Brasil, particularmente en la metrópolis de Sao Paulo, donde algunos roban con balas y otros con plumas.
Un próspero empresario, un cirujano estético y un político corrupto exponen sus puntos de vista para dar este sobrecogedor panorama de la realidad brasileña, que bien podría aplicarse a otros países. Haciendo uso de subtítulos en algunos segmentos y de intérpretes en otros, el director debutante examina la corrupción y la lucha de clases en la complicada sociedad de Sao Paulo, donde habitan 20 millones de personas, algunas muy ricas y muchas muy pobres.
Un criadero de ranas es realmente la pantalla para una gran operación de lavado de dinero, aunque su acaudalado administrador, Deniz, se niegue a admitir escándalo alguno. Y es que uno de los políticos más corruptos del país, basado en el estado de Pará, Jader Barbalho, es dueño de un periódico, una estación de radio y muchas otras empresas. Pero también estuvo a cargo de una importante fundación para estimular la economía de los sectores más pobres de la Amazonía.
Por otra parte, pese a que Brasil no es el país donde ocurren más secuestros en el mundo (antes están Colombia y México), pero son las armas que usan los pobres para superar sus penurias. Es más, da la impresión de que a los políticos les conviene mantener las cosas como están y estancar al país en ese círculo vicioso. Los secuestradores son implacables y crueles.
Uno de ellos, Magrinho, inmigrante del nordeste y habitante de una gran favela de Sao Paulo, descubrió que robar bancos no es tan rentable como secuestrar gente rica y pedir rescates a cambio. Si la familia no responde, le cortan un dedo al secuestrado. Si sigue sin responder, le cortan una oreja. Si no paga, lo matan.
Aquí entra a tallar el doctor Juarez Avelar, un cirujano que se ha venido a especializar en reponer los apéndices de las víctimas de los secuestros. Y así van apareciendo los testimonios de gente real, como el sr. M, quien tiene miedo de atravesar la ciudad cada día y por eso se compró un auto blindado, gran negocio en Sao Paulo.
Barbalho fue obligado a renunciar a sus cargos públicos para ser despojado de su inmunidad -en Brasil todos los políticos son inmunes- y juzgado por corrupción. Pero no pasó mucho tiempo en la cárcel y volvió al senado. Cuando el documental llega a él, por supuesto usa la demagogia para demostrar su inocencia, pero se niega a hablar del criadero de ranas. Sólo vemos a los comensales devorándolas fritas en un restaurante.
En ese sentido, una escena de una rana comiéndose a otra ilustra el canibalismo moral de esta sociedad. Lo que muestra Manda Bala es impresionante: la problemática brasileña no parece tener solución, por donde se la mire. El documental fue exhibido en el Festival de Sundance, donde ganó el premio a la Mejor Dirección de Fotografía y el premio del Gran Jurado. Muy merecidos, sin duda.
Antes de que me lluevan piedras, el único favor que pido es que sean de a una por persona, como a San Esteban.
De nuevo, esto no es la verdad revelada, pero he aquí el porqué no me gusta Facebook. Vamos a ver.
Lo ensayé por una semana y no me gustó y un tiempo después me encontré con un completo artículo en el diario The Guardian que me dió aún más razones para aborrecerlo.
Facebook es un gran experimento social de libertad controlada. Tenemos toda la libertad para consumir, para recibir publicidad, para ser parte de estudios de mercadeo, para hacer parte de estadísticas de las grandes marcas, más si hemos revelado poca o mucha de nuestra información personal.
En vez de hacer amigos, Facebook es un lugar para rendirle culto a nuestros egos, que siempre nos acompañarán toda la vida. Es una competencia por ver quién tiene “mejores amistades”, o más amistades o más momentos felices. Y no resulta extraño esto, sabiendo que Peter Thiel, uno de los mentores de Facebook, es un filósofo neoconservador ultracompetitivo, quien toma como normal “patear” el tablero de ajedrez (una de sus pasiones) cuando pierde.
Es una competencia por ver la vida de quien es más interesante, cuando lo cierto es que todas nuestras vidas son interesantes.
Facebook es el triunfo de lo digital sobre lo análogo. No propongo volver a la Edad de Piedra, ¿pero qué pasó con reunirnos físicamente?
¿Por qué no salen fotos de los “momentos duros” de la vida en Facebook? Si la vida no es ni blanca ni negra y hay 14 tonalidades de gris, ¿en dónde están esas fotos?
Como dice el sociólogo polaco Zygmunt Bauman (parafraseándolo), las personas ahora se ven a si mismas como mercancías que deben ser renovadas en el corto plazo para mantenerse vigentes en el mercado.
Y bueno, la ironía es que yo estoy escribiendo desde un blog, así que también me pueden llover críticas. ¿No es acaso un blog otra red social?
¿Y por sólo poner un ejemplo, hacer política por Facebook está mal acaso? ¿No sale más barato que la vía tradicional? ¿O una campaña para liberar a los secuestrados no es algo loable, y si éste medio ofrece nuevas alternativas por qué descartarlo?
Y también se dirá que es una excelente herramienta para buscar trabajo, como Linkedin, y si uno no es millonario, pués tiene que ensayar por todos los medios hasta que algo salga.
Así es: “Tiene”, no es libre, es “porque le toca”.
Con todo y lo anterior, me sostengo: No me gusta Facebook.
Tal vez a algunos a partir de ahora les deje de gustar también, si saben que es posible que los notifiquen de cosas desagradables como una demanda a través de tan inocente medio. O si usted es ladrón o se va de los restaurantes sin pagar la cuenta, piénselo también.
Y volviendo al terreno de la resignación y poniéndonos “apocalípticos” y “anticristicos”, puede que Facebook sea tan sólo la antesala de “La Marca”, como los códigos QR /BiDi que se usan normalmente en Japón, o los microchips que ya se ofrecen en México y Brasil a personas acaudaladas ante el riesgo del secuestro, o los mini-brazaletes para mini-consumidores en el centro comercial .
Y si ya tuvieramos que declararnos completamente derrotados: Todo lo que aquí está escrito, todo lo que hemos escrito en Internet ha sido guardado por alguien para algo, así que el concepto de privacidad es sólo algo romántico. El Reino Unido está a la vanguardia en esto, bajo la excusa del terrorismo y proteger a la población. Y no sólo es lo que circula por la red, también es el ADN y la saliva de muchos (en serio, de verdad). Pero eso por favor búsquenlo ustedes. Adrede no dejo el vínculo de esto.
Para no seguir escribiendo e ir a la fuente, de nuevo pongo el vínculo al artículo de The Guardian (en inglés) y otro con su traducción al español, de un vínculo que por lo que vi ya tiene un claro tinte político, pero que nada tiene que ver conmigo. Sólo lo pongo por razones idiomáticas.
De los artículos, ustedes sacarán sus conclusiones.
Yo me quedo con las reflexiones del espíritu del prematuramente fallecido Bill Hicks, así que todavía no me rindo.